lunes, 29 de agosto de 2011

Si yo fuera

Si yo fuera un gesto, sería un beso, un beso dulce y apasionado. Un beso cariñoso, agradable.
Si yo fuera un animal sería un delfín, divertido y juguetón, en contacto continuo con el agua, también sería un gato. Un gato bonito, al que todos acaricien, un gato con los ojos verdes, o quizás azules.
Si yo fuera verde, sería los ojos de alguien. Unos ojos que lo vieran todo, unos ojos curiosos. Si fuera verde, sería césped, tan cuidado por unos y luego comido por los animales o arrancado por la gente que se sienta en él.
Si yo fuera azul sería el mar, con cambios de humor, tranquilo y rebelde. Con sus olas, con sus peces, con el interior muy profundo, y con muchas cosas por descubrir. También sería azul, como el cielo, más bien sería una estrella del cielo, una muy pequeña, lejana, que solo es importante para las estrellas de su alrededor y soñaría, que algún día, alguien me señalase.
Si yo fuera un insecto, sería una mariquita, siempre roja, siempre tímida, pero bonita, con sus puntos de color negro, sus imperfecciones. Capaces de hacer cosquillas a la gente en verano al atravesar sus barrigas, y si no fuera mariquita… sería mariposa. Una mariposa grande y vistosa, alegre con sus colores. Revolotearía mucho de una flor a otra y pensaría en lo que cuesta llegar a ser mariposa, porque al principio eres un gusano, pero luego creces, te desarrollas y te conviertes en lo que querías.
Si fuera parte de la mente, sería la imaginación, quizás un sueño, que después se cumple, creativo, alegre y esperanzador.
Si fuera un sonido sería el ruido que hace el gas al abrir una botella, liberador y explosivo.
Si fuera un sentimiento, sería el estúpido amor adolescente, sería verdadero y lo más importante, pero con el tiempo tiene cambios, el punto de vista y el objetivo.
Si fuera un recuerdo sería la infancia, una época de felicidad de diversión.
Y si finalmente, fuera cualquier objeto, sería un columpio. Un columpio que va desde adelante hacia atrás una y otra vez, sin tocar el suelo e intentando llegar al cielo.               

Me gusta, no me gusta:

Me gustan demasiadas cosas. Reír, saltar, el olor del césped recién cortado, las estrellas, el cielo... las nubes. Me gustan las nubes, pero no todas, solo las blancas cuando contrastan con el cielo azul, me gusta imaginar que las toco o que floto en ellas. Me gustan, porque al verlas, siento la libertad, la tranquilidad, el dejarse llevar. No hay cosa que me relaje más que verlas tumbada en la hierba, o desde un avión, ver como se desplazan lentamente. Buscarles formas, admirarlas, pensar en ser una de ellas, tan esponjosas, tan blancas. Cuando las veo, no soy capaz de imaginar que están hechas de agua. Y esa es otra razón, se me hace inimaginable. Pensar que esa nube, tan aparentemente suave, es en realidad agua que después cae como lluvia, es fantástico. A su vez, las veo como una cosa medianamente alcanzable, es decir, las estrellas por ejemplo, son completamente inalcanzables, solo las puedes ver de noche, como pequeños reflejos, mientras que las nubes no están tan lejos de ti. Cuando vas en avión, las rozas, cuando subes una montaña muy alta, están a tu alcance incluso a veces, las puedes tocar. Pero me gustan más de lejos. Contemplarlas, relajarme e imaginarme cosas a raíz de ellas.
Sobre lo que no me gusta, también tengo una lista bastante amplía, entre los engaños, las mentiras, las verduras… pero detesto la vergüenza. Esa sensación, sentimiento o ese miedo, que hace que no nos mostremos al cien por cien. No entiendo a que se debe, no entiendo porque nuestras mejillas, delatadoras, se ponen de color rojo. Porque cuando nos ven en público, cuando hablamos con alguien por primera vez, sentimos esa terrible vergüenza, que hace que te equivoques o que no te muestres como eres. Cuando hacemos el tonto, o cuando hacemos algo importante, los nervios se mezclan con ella y hacen una mezcla que puede complicar muchas situaciones. Me gustaría poder hacer desaparecer la vergüenza, dejar los revoloteos en el estomago y el resto de las cosas, pero eliminar ese miedo a dar una mala impresión, o no sé a qué. O simplemente, me gustaría no sentirla, poder ser capaz de que me diera exactamente igual lo que pensaran los demás. Dedicarme a ser feliz, sin la vergüenza.

Empezaré por mi nombre:

Y por fin, tras una larga discusión, decidieron llamarme Laura. Algunas personas dicen que es un nombre bonito, a otras les recuerda a alguien, otro grupo siente una indiferencia respecto al nombre, y a otras no les gusta. Yo me pregunto en que se basan, les puede gustar por su sonoridad, por su significado, aunque la mayoría de las personas lo ignoran, o simplemente les gusta porque si. No estoy segura pero creo que a mi me gusta porque me identifica, porque es ``mi´´ nombre. Desde que yo recuerdo, en mi habitación siempre tuve, y sigo teniendo, un marco verde, colgado en la pared. En ese marco no hay una foto, sino una lámina de papel que pone con letras grandes ``LAURA´´, si continuas leyendo comienza a describir mi nombre. Dice que este proviene del latín, que me gusta la fiesta, que me gusta seducir, que puedo ser mala y dar lo mejor de mi. Explica tambien, que proviene del término Laurel, y por lo cual s*gnifica Victoria, ya que, antiguamente, las coronas de los ganadores se hacían con laureles.
¿Somos realmente todas las personas llamadas Laura iguales? ¿Somos todas tan fiesteras, todas capaces de lo mejor? Pues yo creo que no. ¿Acaso las cientos, incluso miles de personas con el mismo nombre son iguales? No, es imposible, cada persona es distinta, icluso las lauras. Cuando era pequeña, y leía ese papel, siempre me imaginaba que esa iba a ser yo de mayor. Pero ahora me detengo y pienso que el nombre va adquiriendo un significado distinto en cada persona, tu vas creando ese papel. Si eres extrovertida o vergonzosa, buena o mala amiga, eso solo depende de ti. El nombre no marca nada, es solo una palabra. Que te identifica.

Soñar

Respirar, respirar libremente y sentir, que por un momento, la vida, es solo tranquilidad. Seguir el ritmo de las olas, acompañar ese harmonioso sonido con esa canción, la que es perfecta para ese instante. Mirar al cielo azul, al cielo infinito, al cielo inmenso y sentirse pequeña, pero acogida. Dejarse llevar en ese instante, permitir, que la mente vuele a otro mundo paralelo, y en ese instante, cerrar los ojos.

miércoles, 24 de agosto de 2011

(L)

Hoy es de esos días en los que me siento afortunada, en los que solo me apetece dar las gracias a los míos, por todo lo que hacen, por acompañarme en cada momento. Hoy, valoro cada sonrisa como si fuera la última y tengo ganas de cantar, ganas de saltar, ganas, de vivir la vida. Y es que a pesar de los baches, soy feliz. Soy MUY feliz, y dudo que haya mucha gente así. Tengo el privilegio de estar rodeada de gente a la que quiero, aunque no siempre me de cuenta de esto. Pero esa gente, lleva ahí mucho tiempo, y me está dando lo mejor. Algunos de una forma, y otros de otra. Tengo el privilegio de poder ponerme una sudadera en verano, de escuchar la voz de mi pequeña diciendo hermana te quiero, de que Carolina sacrifique  su popularidad por mi, Marta gasta su saldo para contarme chorradas a las que le doy importancia, Martina cuenta conmigo a pesar de conocerla desde hace tan poco, Mónica es simplemente mi mitad, Evo me ha asignado el nombre de Leuro, Lucía sigue esperando el momento en el que yo aparezca por la ventana, Laura sigue quedando conmigo a pesar del paso del tiempo y así una lista un poco más larga de personas, a las que necesito a mi lado, Siempre.








martes, 23 de agosto de 2011

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Pasaban las tres de la mañana y seguía allí, viendo el infinito, mirando hacia la nada. Estaba sola, parecía asustada e incluso se podía notar como temblaba.